
Cuando niña, mi padre me llevaba de la mano a los partidos del Real Madrid. Yo no sabía si por eso ya podía decir que era "merengue", pero lo decía. Mi padre sí lo era y mucho, sin llegar a fanático. Por lo general todas las niñas adoran a su padre y yo no iba a ser menos, así que del Real Madrid.
INCISO: padres que tenéis hijas, a lo mejor no lo habéis notado pero es un hecho constatable. La figura del padre puede ser un héroe para los hijos varones lo que no impide que sean las mujeres las que vean por sus ojos, oigan por sus oidos, hablen por su boca y quieran por el corazón del padre.Por eso estad alerta, cuidad a vuestras hijas porque la decepción de una de ellas trae mucho más dolor y peores consecuencias que cuando es un hijo el decepcionado.
Mi afición por el Real madrid tuve que sacrificarla en aras de la estabilidad matrimonial, pero tampoco fui del Atleti, sólo padecía y compadecía a cada nuevo ser que traía al mundo porque no sé porqué motivo, criados a mis pechos, iban uniéndose a esa "manera de sufrir" colchonera. Y lo que aún comprendo menos es como entre todos pudieron transformar hasta la vocación madridista de mi progenitor. Ya no se perdía ningun partido del "Pupas", acompañado por mi clan familiar, en el campo o en aquella televisión gratuita que por entonces los transmitía cada semana.Luego vendrían dos queridos yernos y algún nieto, lo que se dice una peña completa.
Lo que más tengo grabado en el alma es un momento de su vida que hasta hoy no me he atrevido a mencionar hacia fuera, por ese dolor que me causaba el recuerdo de su enfermedad.
Mi padre fue ingresado en el hospital universitario de San Carlos, porque se negó en rotundo a desdeñar la Seguridad Social, de la misma manera que la complutense fue siempre su Universidad y la de sus hijos e hijas, por voluntad suya. Claro que España entonces era otra historia. Recien abierto quirúrgicamente para sanarle un cancer de estómago que no se reveló hasta los ochenta y seis años, cuando su cabeza se hallaba en todo su esplendor, (las últimas lecciones que dio en su vida fueron a mi hija menor, derivadas e integrales, unos días antes de su ingreso en el hospital), y cerrado de inmediato porque no había solución, tuvo que padecer una traumática espera hasta su final. Ayudado por los cuidados paliativos propios de tal enfermedad y por la asistencia espiritual del sacerdote del centro. Los vómitos de sangre eran más lacerantes para nosotros que para él, al menos eso parecía.Pero era maravilloso estar a su lado, recogiendo toda esa sabiduría que algunas personas transmiten al final de sus días como el mejor testamento. A nosotros intentaba engañarnos: "bueno, cuando vuelva a mi casa (desde que murió mi madre, diez años atrás, su empeño fue vivir sólo y como buen cántabro, sus deseos siempre fueron hechos), ya no tendréis que venir a cuidarme". Sin embargo, cuando se quedaba a solas con las enfermeras les confesaba: "usted no se preocupe por mí, que yo he venido aquí a morir".
¿Qué demonios tiene ésto que ver con el Atleti?.
Cuatro o cinco días antes de su marcha, televisaban un partido del Atleti Madrid y se empeñó en verlo en el hospital. No me quedó más remedio que complacerle y cuando sólo habian transcurrido unos minutos de la salida al campo de los jugadores, le sobrevino un dramático vómito. Una vez superado y en condiciones de seguir el encuentro, me dice muy enfadado, él que no protestaba nunca por lo aparatoso de estas secuelas, :"esto es el colmo, no me dejan ni siquiera ver tranquilo un partido del Atleti".
No recuerdo el resultado, ni siquiera contra quién jugaban pero sus palabras me vienen a la mente y al corazón cada vez que en mi casa se oye de todo cuando el Atleti va perdiendo,o ganando y sobre todo si empatan en el último minuto,como ayer, como casi siempre.