martes, 12 de octubre de 2010

DÍA DE LA RAZA



EN ESTE DÍA GRANDE DE LA FIESTA NACIONAL DE ESPAÑA, CELEBRAMOS TAMBIÉN EL DÍA DE LA HISPANIDAD, CUYA PATRONA ES NUESTRA MADRE LA VIRGEN DEL PILAR, POR ESTE MOTIVO ME HA PARECIDO MUY INTERESANTE TRAER AL BLOG ESTE ARTÍCULO QUE VALORA, EN SU JUSTO MEDIO, ESA CELEBRACIÓN DEL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DE LOS PAISES HISPANOAMÉRICANOS, RECONOCIENDO EL PAPEL   FUNDAMENTAL  DE ESPAÑA Y LA RELIGIÓN CRISTIANA EN LA IDENTIDAD DEL PUEBLO MEJICANO.
El artículo quizás resulte largo, pero si tenéis tiempo merece la pena leerlo íntegro, pues es muy ilustrativo y pocas veces, por no decir ninguna, se lee una acertada visión de la labor de España en América.   



¿TE ENORGULLECE SER MEXICANO?
Equipo yoinfluyo.com

Ser mexicano, de acuerdo con nuestro pasado más glorioso, significa ser honrado, respetuoso, involucrado en las realidades nacionales. Ser mexicano es llevar a límite nuestras capacidades personales y profesionales para provecho de todos. Ser mexicano también implica reconocer la riqueza espiritual que heredamos de nuestros antepasados indígenas y europeos. Ser mexicano nos debe llevar a reconocer el bien que hacen las religiones para la convivencia y la paz social.



DÍA DE LA RAZA O DE LA RESISTENCIA INDÍGENA

Contrario al sentimiento de rechazo al que se ha enfrentado esta fecha, provocado principalmente desde el seno de la masonería, el Día de la Raza es la celebración el encuentro y fusión del mundo europeo con el continente americano. Se trata del encuentro de dos mundos, que dio origen a una etapa de progreso y desarrollo para el suelo americano, aunque fundamentalmente, a través de este encuentro, se gestó una nueva cultura, una nueva identidad.

Los mexicanos emanamos de este encuentro. Previo al descubrimiento de América, sin discutir la precisión de la fecha en la que se celebra el Día de la Raza, el continente americano estaba poblado por culturas indígenas con una cosmovisión definida, alejada de la verdad y sentido del hombre.

En suelo mexicano, el 12 de octubre de cada año es conmemorado como el Día de la Raza. En España, en cambio, se festeja el Día de la Hispanidad, dado que fue la Corona Española la que, por medio de su poder y recursos, se apropió de las tierras del continente americano. Algunos movimientos de izquierda lo conmemoran como el Día de la Resistencia Indígena.

No hay dudas: la interpretación del hecho histórico puede dar a cada quien motivos de celebración diversos. Mientras que para unos pocos el hecho histórico merece el incuestionable y eterno repudio, por las causas que sea, para otros se trata de un hecho que dio origen a lo mexicano, a la cultura y esencia de lo nuestro, de la identidad nacional.



¿DOSCIENTOS AÑOS DE SER MEJICANOS?

A propósito de las fiestas del bicentenario del inicio de la gesta de Independencia en México, no pocas voces de académicos, periodistas y opinadores se volcaron a cuestionar qué era lo que se pretendía decir cuando se hablaba del orgullo nacional, de ser mexicano, de celebrar nuestro aniversario de hombres libres.

Desgraciadamente, entre el empeño de la masonería mexicana por diluir del imaginario colectivo todo rastro del pasado hispanocatólico de nuestro país y la mediocridad de una cultura política que no sabe o no quiere entender qué es México, de dónde viene y a dónde va, es muy poco claro el origen del "ser mexicano", de la identidad que nos define como pueblo y que, por lo mismo, cohesiona.

El investigador Juan Louvier, en su obra "Cultura mexicana y globalización", asegura que la cultura mexicana nació como resultado de la fusión de las culturas indígenas con la cultura española. De este modo, la cultura mexicana no era más indígena o española, dado que había alcanzado ya una definición propia. No surgió repentinamente en 1810, cuando Miguel Hidalgo se levantó en armas contra la Corona Española.

Sumando a la propuesta, el hispanista chileno, Jaime Eyzaguirre, afirma que “iniciar automáticamente la existencia de estos pueblos con el año 1810 y poner en voluntario olvido 300 años de vida social en que se forjaron las bases culturales de todo el continente, es dejar sin significación el curso de los hechos, esconder el punto de convergencia familiar de veinte naciones y entregar, como consecuencia, a las generaciones futuras, una visión incompleta y adulterada de la historia".1

En términos particulares, suprimir arbitrariamente una parte de la historia porque no se ajusta a los deseos de una minoría poderosa es injusto e imprudente. Ahora bien, no sólo se trata de hacer justicia a los hechos que realmente ocurrieron o de reconocer el pasado que nos dio origen.

El Papa Juan Pablo II, en su libro “Memoria e identidad”, sugiere que “La expresión ‘patria’ se relaciona con el concepto y la realidad de ‘padre’ (pater). La patria es en cierto modo lo mismo que el patrimonio, es decir, el conjunto de bienes que hemos recibido de nuestros antepasados. (…) La patria, pues, es la herencia y a la vez el acervo patrimonial que se deriva; esto se refiere ciertamente a la tierra y al territorio. Pero el concepto de patria incluye también valores y elementos espirituales que integran la cultura de una nación”.

Cuando los dos mundos se encuentran, el español y el mesoamericano, se origina una mezcla espiritual, cultural, racial, política y económica sin precedentes. En aquel entonces, las civilizaciones que poblaban el continente americano carecían de elementos comunes que los relacionaran. La atomización cultural era una realidad dada, de modo que los conflictos bélicos entre ellos eran algo común.

España era, en cambio, una potencia mundial. La riqueza cultural y espiritual de España la llevaron a erigirse como un país dominador de la época. Para cuando se llevó a cabo el encuentro de ambos mundos, España tenía en su haber 15 siglos de profesión cristiana, de desarrollo tecnológico y militar, de comerciar con diferentes países y regiones del mundo.

A la par, el continente americano apenas veía crecer sus poblaciones, experimentaba los sacrificios humanos y métodos de organización social que diferían entre sí, incluso en poblaciones ubicadas en regiones muy cercanas. En América vivían sociedades teocráticas bajo la sombra de dioses vengativos, exigentes de sangre humana, mientras que en Europa hacía 15 siglos, un hombre que se dijo Dios, que prometió la redención y su resurrección, fue crucificado por los suyos y había creado un verdadero ejército de fieles que pregonaban el amor, la paz y la justicia.


CRONOLOGÍA DE LA IDENTIDAD MEXICANA
Fue con la llegada de los europeos que México pudo nacer y desarrollarse. Desde entonces y hasta nuestros días, han existido detractores que ven en estos hechos la peor desgracia para el pueblo mexicano, aunque sin lograr explicar concretamente en dónde radica el maleficio. Por otra parte, bajo el estandarte y discurso de un prenacionalismo ramplón, se han creado leyendas y calumnias que demerita el sentido del arribo de los europeos a nuestras tierras.

Obviamente no fue idéntica la actitud que cada indígena tomó ante la novedad cristiana. Desde el total rechazo, basado únicamente en la nostalgia por los mitos, hasta la inmediata y entusiasta adhesión, hubo toda una amplia gama de actitudes. Es muy significativo que el rechazo se diera principalmente en los caciques y que las primeras en aceptar "la Buen Nueva" y solicitar el bautismo hayan sido precisamente las mujeres, es decir, las personas más desvalorizadas en las culturas prehispánicas", nos dice Juan Louvier.

La intervención del cristianismo en las civilizaciones colonizadas no determinó la anulación de la cultura que imperaba, sino que la reconfiguró totalmente, de manera radical. Si la cultura es la expresión de los valores, tradiciones y creencias de un pueblo, se puede afirmar que entonces los pueblos indígenas permitieron que el cristianismo diera una nueva cara a sus expresiones más profundas y más cotidianas.




La evangelización que entonces comenzó para los pueblos indígenas no se detuvo, todo lo contrario. El hecho de Guadalupe, la aparición de la Virgen María en el Cerro del Tepeyac, en México, se presentó como el hecho que dio el aliento necesario para la propagación de la fe en el territorio hispanoamericano.

No sólo eso, Guadalupe llegó para consolidarse como el gran referente nacional. Si los mexicanos comenzaban a serlo era, principalmente, porque compartían el espíritu guadalupano, porque se reconocía en la Virgen María, en su advocación de Guadalupe, a la figura creadora de la esencia del ser mexicano. Ella eliminaba cualquier barrera que la raza o el lenguaje pudiera imponer. Ella unificaba a todos los indígenas que entonces formaban parte del territorio americano. En ella, los pueblos encontraron un crisol unificador.

El periodo virreinal, contrario a la visión nacionalista, revolucionara, liberal y anticatólica, implementada por los gobiernos del PRI y continuada mediocremente por los del PAN, fue un momento de plenitud para México.
Guanajuato, Querétaro, Oaxaca, Morelia, Veracruz, Puebla, Zacatecas, Guadalajara, entre otras, fueron las ciudades que vieron la luz durante el periodo virreinal. La agricultura se benefició con la importación de nuevos sistemas de riego y cosecha, así como de nuevos productos europeos que encontraron en el mexicano un terreno fértil, amable y cálido para crecer.

Muchos caminos a lo largo y ancho del país fueron abiertos para facilitar la comunicación y el transporte de carruajes. A México había llegado un idioma común, a través del cual todos los pueblos, otrora enfrentados, podían comunicarse abiertamente. El castellano, el idioma más bello de los que existen, llegó para asentarse como un elemento imprescindible de nuestra cultura.
Desde la llegada de los misioneros católicos, el empeño por la educación fue una prioridad para los españoles. Los indígenas eran educados en diversos centros culturales destinados para ello. Se les enseñaba castellano, latín. Debían aprender a leer y a interpretar a la literatura clásica. Pensaban y disertaban de la mano de Platón y Aristóteles. Algunos pintaban y otros esculpían, algo que antes era impensable para ellos.
Para muestra de ello, en septiembre 1551 se fundó la Real y Pontifica Universidad de México. Ésta fue la matriz de numerosos centros de estudio y culturales que se fundaron durante todo el periodo virreinal, el tiempo en el que los europeos importaron la cosmovisión cristiana que fue aceptada en tierras americanas y no pervirtió la denominación de origen.

El trabajo de dos siglos y medio fue demeritado por los movimientos políticos del siglo XIII y XIX. La fundación de la masonería y la realización de sus planes llevaron a que México, luego de su Independencia, tomara un rumbo de incertidumbre en el que hoy se encuentra.
Si al principio, al derrocar a Iturbide, se pretendió eliminar el rastro y antecedente de civilización moderna, inspirada en los principios católicos, la disputa del poder entre logias masónicas terminó opacar cualquier aspiración de futuro y progreso para el país. El siglo XIX se caracteriza por la inestabilidad política, institucional y de gobierno.

Las Leyes de Reforma de Juárez hubieran sido un gesto de sensatez ante la necesidad de la separación Iglesia-Estado, de no ser porque su característica más notoria fue su acentuado anticlericalismo. Los liberales que hoy aclaman la supuesta gloria que atrajo el siglo XIX para México lo hacen porque desconocen que nuestro país, antes de las disputas egoístas y sectarias de la masonería, era una potencia mundial en muchos sentidos.

 yoinfluyo.com

5 comentarios:

Ramón en http://nocheoscuradelalma.wordpress.com/ dijo...

Me ha gustado el artículo.

Maria del Rayo dijo...

¡Hola Mili!

Felicidades por su fiesta mariana y por el día de la hispanidad.

Que precioso artículo subiste, ciertamente, para nosotros es muy díficil entender bien estos acontecimientos, pues nuestra mirada se queda corta, al interpretar la voluntad divina.

La gran mayoría de la gente en México, celebra este día con gusto,hay por ahí gente de izquierda muy izquierda que pareciera que solamente viven para oponerse a todo pero a todo, y al decir todo es todo.

Nos sentimos contentos la mayoría de ser una nación con principios cristianos, creo que es lo que más nos ha ayudado.

La Santísima Señora, nuestra madre de Guadalupe, estrella de la Evangelización es la que se lleva todos los honores, Ella como siempre presente en los grandes acontecimientos de la humanidad, muy cercana a nosotros sus rebeldes hijos.

Gracias Mili.
Besos.

ARCENDO dijo...

Coincido con RAMON...., fantástico, gracias por traerlo.
BESIÑOS

AleMamá dijo...

Feliz día para España. Que sigan siendo grandes. Que conserven la fe.

Anónimo dijo...

¿nadie va a decirme que es el valle de los caidos?gracias.

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