martes, 26 de agosto de 2014

MARTES CON ARCENDO, ALGO MÁS QUE AJEDREZ

 
 
Seguro que la mayoría de vosotros conocéis esta entrada de
 La Hoja del Arce, ya que aparece casi siempre entre los tres post del final  de cada entrada, de hecho yo no la había vuelto a leer porque pensaba que me era muy conocida, sin embargo, ayer me dio por ojearla y me emocionó porque es uno de esos post del Capitán donde deja bien plasmada su impronta, esa manera de ser y de escribir, siempre dando testimonio personal de coherencia  y sentido sobrenatural, esté haciendo lo que esté haciendo, tanto lo más cotidiano y banal, como lo trascendente y doloroso. Así una de sus cualidades que más me gustaban de él era ese saber iniciar una entrada despistando al personal con intrascendencias para terminar llevándonos al terreno pretendido, al sentido de Dios en todo, hasta en sus escritos de bromas o chistes y no digamos en los musicales.
 
Hay un detalle que me ha hecho llorar, cuando nos pide oraciones "...por su maltrecha pierna izquierda." por la que llevaba tiempo sufriendo y que últimamente, años antes de conocer su cáncer, le hizo padecer mucho por unas úlceras que no tenían cura.
 
Sé que ahora es feliz, todo lo malo ha pasado para
el Capitán de los Tercios Blogueros, fue un  predestinado por el sufrimiento y por todo el bien y el cariño que repartió  a su alrededor, un alrededor que, gracias a internet, abarcó y sigue abarcando con su blog, muchos lugares del mundo, por eso sigue estando en nuestro corazón y en este blog mientras Dios me mantenga con ánimo y fuerzas para seguir con De Dentro.
 
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El poder de la dama


24de mayo de 2011
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No sé si os he dicho alguna vez en este blog que uno de los juegos que más me gustan es el ajedrez. Entiendo a los que defienden los juegos de cartas como entretenimiento; los faroles del poker o los envites del mus…, pueden llegar a ser emocionantes. Comprendo también a los que se valen de una buena partidita de dominó para echarse un chato de vino con los amigos, pero amigos, para mi no hay juego mejor que el ajedrez.
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Todavía me sigue pareciendo asombroso como en un espacio tan reducido como 64 casillas puedan pasar tantas cosas, tantos movimientos, y todos tan distintos. ¡No hay dos partidas iguales! Este combate de mentes, me parece absolutamente excepcional.
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Yo lo aprendí de mi padre, y al cabo de unos años, gracias a DIOS, he tenido la oportunidad de transmitir esa enseñanza, que ya es pasión, a mi hijo.
El chaval, no solo aprende, sino que progresa. Le gusta, y todos los días practica un poco; unas veces con el ordenador, otras con amigos (él les ha ido enseñando) y las más, conmigo y ¡ya me gana!
Al principio, confieso que le dejaba ganar…, para que fuera cogiendo el gustillo, pero ahora no hay quien le tosa.
Este curso que está terminando, como le gustaba mucho le apunté a unos cursos extraescolares de ajedrez y se le ha ido notando la evolución día a día. El próximo curso la intención es federarle, y a ver en que acaba todo esto….
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¿Por qué cuento todo esto?, ¿Por qué, ahora?
Pues veréis, porque hace tiempo, cuando yo empezaba a reencontrarme con DIOS, hubo quien, muy acertadamente, me comparó los lances del ajedrez con la visión divina sobre nosotros. Aquel simil, siempre me gustó, lo he llevado muy dentro de mí, incluso lo he utilizado, sé, que con cierto éxito, en mi apostolado.
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Aquel buen amigo, me decía que Dios era el jugador –el mejor jugador del mundo-; y nosotros éramos el rey del tablero, pero solo una simple pieza en el tablero de la vida.
La partida es a vida o muerte. Pero si nos dejamos llevar, la partida está ganada de antemano, nos mueve, -el que más sabe-
Nosotros, a veces, no entendemos aquella jugada o ese movimiento que acaba con aquella pieza tan importante; no podemos comprender aquel tremendo sacrificio. Pero es que nosotros, estamos viendo las cosas a pie de tablero, sin perspectiva, sin altura de miras, a ras de suelo. No sabemos lo que quiere el jugador.
El jugador solo quiere ganar y juega desde arriba, teniendo una visión global, sabe el por qué de cada cosa, y tiene UN PLAN para ganar.
Si ese plan implica hacer sacrificios los hará, nosotros.. hemos de dejarle hacer.
Y es entonces, donde surge la gran pregunta… ¿Y la libertad individual?, ¿Y el libre albedrío?
Ahí me tengo que acoger con ganas y absoluto convencimiento al lema de mi Hoja:
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“La verdadera libertad consiste en poder hacer lo que se debe hacer”
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Es esta una frase absolutamente genial y necesaria del autor de “El Criticón”, Baltasar Gracián. No hay mejor aplicación de la libertad que darle el fín, para el cual hemos sido creados; no hay mayor definición de la misma que las, aparentemente contradictorias, palabras de María en la Anunciación:
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“He aquí la esclava del Señor”
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¡Aceptación! Esa es la clave….; dejarse llevar de la mano del MAESTRO.
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Bueno pues TAMBIÉN…, os cuento todo esto, para ilustrar unos acontecimientos recientes de mi historia familiar más íntima. Ciertamente son hechos muy particulares y sin especial importancia más que para mí y los míos; pero quiero compartirlos aquí, con mis amigos de la blogocosa, buscando su complicidad en la oración, animado con la confianza que me da pertenecer a esa maravilla palpable que se llama la -comunión de los santos-.
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El hombre propone y Dios dispone”. Otra vez echo mano de este refrán, porque en pocas ocasiones, más que esta, cobra su sentido más exacto.
Estoy convencido de que, tanto en la vida, como en el ajedrez, el azar cuenta muy poco.
Lo ocurrido desde el domingo hasta ahora…, me lo confirma.
La idea que teníamos sobre lo que tenía que acontecer durante estos tres días pasados, en nada tiene que ver con lo que al final, ha pasado.
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Los planes –humanos- eran estos:
Sábado en la mañana, penúltimo partido de fútbol de la liguilla infantil de mi chaval.
Posteriormente, mi hijo se marcharía el resto del día y hasta la tarde del domingo a una casa en la Sierra de Madrid, a pasar el fin de semana, con uno de sus mejores amigos.
Personalmente yo dedicaría ese sábado, a arreglar cosas de la casa, planificar la semana del blog y después acudir con la familia, a cenar en casa de mis cuñados para celebrar el cumpleaños de mi ahijada.
El domingo, la idea era, ir por la mañana a Misa y a votar. Y por la tarde, podíamos habernos dado un paseo, en espera de la llegada de mi hijo y posteriormente ver alegres por la tele, como poco a poco, iba mudando del color rojo al azul todo el mapa de España.
El lunes, las cosas volverían a una rutina relativa; puesto que por la tarde iba a tener lugar un precioso acontecimiento que todos esperábamos con ganas: la graduación de mi hija mayor… ¡Ya es bachillera!...; e íbamos a ir a celebrarlo con ella, toda la familia en un acto que organizaba el instituto, pero….
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“El hombre propone y Dios dispone”. De todo lo previsto…, solo se pudo cumplir hasta el sábado.
El domingo muy de mañana, nos llamaban los papás del amigo de mi hijo y nos dijeron que había pasado muy mala noche, vomitando y con fiebre. Fuimos a por él y tras tenerle en casa hasta las seis de la tarde, viendo que no mejoraba, decidimos llevarle al Hospital. Allí le hicieron un análisis de sangre que confirmó que tenía alguna infección.
Al palparle le observaron dolor en el abdomen y decidieron hacerle una ecografía.
Todo esto, que aquí estoy contando en tan solo 2 líneas, fueron 3 horas, de espera e incertidumbre.
En la prueba ecográfica, tampoco se observaba nada concluyente, así que los médicos de urgencias, optaron, muy convenientemente, por buscar la opinión de un especialista.
Bajó la cirujana, le practicó una primera exploración con sus manos y en seguida diagnosticó: ¡apendicitis, y hay que operar ya!
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Visto y no visto…, nos preguntaron cuando fue la última comida sólida, y cuando bebió por última vez y como las respuestas “cuadraban”, en menos de veinte minutos, estaba entrando en quirófano.
La operación fue muy bien. Aproximadamente a la una de la madrugada, aquella médica a la que tengo tanto que agradecer por su sabiduría y su amabilidad, nos notificaba que todo había ido según lo previsto y que ya estaba en Recuperación, superando los efectos de la anestesia.
Ya os podéis imaginar el resto de la historia…, mi hija y yo nos fuimos a casa a dormir y su madre se quedó con él, cuando ya le asignaron habitación.
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Las horas posteriores también han sido “raras”, es decir…, nada pasó ya, según lo previsto.
En lo que respecta a la ceremonia de graduación de mi chica, ante la imposibilidad de ir todos, quise que fuera mi mujer a disfrutar de su hija, según me cuentan, ambas lloraron como Magdalenas, y se lo pasaron genial…, y yo soy feliz por ello.
El resto del tiempo, estamos turnándonos para estar con el convaleciente, y el pobre… quejándose de lo que para él, es una experiencia nueva y dolorosa…, en el que poco a poco tendrá que aprender a practicar también, la virtud de la paciencia.
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Casi acabando, repito lo que dije algunas líneas más arriba, mi intención contando este episodio –sin importancia- de mi pequeña historia doméstica, es buscar la complicidad de mis amigos-hermanos en la oración. No para que DIOS nos libre de nada que no tenga que ser superado, sino para obtener la docilidad de dejarnos llevar de su amorosa mano y perseverancia en la lucha de la vida. Y también…, si quiere, y es conveniente, en este caso, para que Dios particularmente, dé fuerzas a mi maltrecha pierna izquierda, para seguir ayudando a los míos, para seguir, con mi querida esposa, tirando del carro hasta que DIOS lo disponga.
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Así que, ya veis, como vulgarmente se dice, por suerte o por desgracia, (yo sé, aunque me cuesten lágrimas, que siempre es por suerte), todo se truncó, todos los planes, excepto el divino, se desbarataron, gracias, estoy seguro, a una jugada maestra del mejor ajedrecista.
Dicen que una partida de ajedrez proporciona al hombre reposo y le ayuda a desarrollar el raciocinio. Pero también, puede llevarnos a considerar la gran batalla de la vida. Todos esos lances pueden simbolizar los combates que cualquier cristiano necesita vencer.
Por eso, en esta "partida vital", a mí, me gusta jugar con la mejor de todas la piezas, la más versátil, elegante y fuerte: la dama, la reina. Ella avanza en cualquier sentido y hacia todas las posiciones del tablero, sin que nadie la pueda superar.
Ella se asemeja a MARÍA, Auxilio de los Cristianos, siempre dispuesta a socorrer a quien la invoca en los momentos de peligro o necesidad.
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A Ella, mi mujer y yo acudimos en un Rosario inolvidable, mientras estuvieron operando a mi hijo, y os aseguro que sentimos la presencia de Nuestra Reina.
La tranquilidad era total, la batalla estaba ganada. ¡Jaque mate al miedo! Pronto, volveré a jugar con mi chico.
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Pdta. Así que...., si no posteo mucho proximamente, ya sabéis el motivo. Abrazos, besos y besiños a todos y todas, y .. hasta que pueda.



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2 comentarios:

Maria del Rayo dijo...

Mili que gusto leerte y leer a Arcen.
Muchas gracias por tu constancia.
Ya quiero que pasen los días y volver a verte en el facebook.
SALUDOS A TODOS.
DTB!!

Rosa dijo...

¡¡¡Hola Militos!!!, regresamos ya para asentarnos antes de comenzar el curso. Qué maravilla todo lo que dice Hoja y qué alegría leerlo.
Estáis, estáis, cada día de mi vida, estáis conmigo. Os quiero.

Militos, gracias por el Rosario, gracias, gracias, gracias, gracias...
Te escribiré, montones de besos, mi querida amiga de mi alma.

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