martes, 6 de octubre de 2009

MIENTRAS... COPIO Y PEGO


De momento no tengo tiempo para escribir, estamos desembarcando, por eso os dejo este artículo copiado de YO INFLUYO que me ha parecido interesante y actual, a pesar del tiempo transcurrido desde que ocurrieron los hechos que en él se cuentan.
El pasado 2 de octubre se cumplieron 81 años de la fundación del Opus Dei, vaya este artículo, copiado y pegado, en recuerdo de ese aniversario.

EL CONGRESO EN QUE CONOCÍ A
SAN jOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER

Raúl Espinoza Aguilera
martes, 06 de octubre de 2009

Se iniciaba el año de 1974. Estudiaba la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México y me dedicaba a diversas actividades periodísticas. Un grupo de amigos me invitó a un Congreso Universitario que se celebraría en el mes de abril en Roma, con una triple finalidad: Conocer al entonces Romano Pontífice, el Papa Paulo VI; tener varios encuentros con Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei, y adentrarnos en temas relacionados con la cultura y de actualidad en la vida universitaria.

Era también una buena oportunidad de conocer la Ciudad Eterna, el centro de la cristiandad y de acercarnos más a Dios. Estaban convocados cientos de estudiantes de los cinco continentes. Pensé que sería una interesante e inolvidable experiencia y no dudé en aceptar la invitación.

Desde junio de 1971 había pedido mi admisión en el Opus Dei, pero no había tenido la fortuna de conocer a su Fundador ni escuchar de sus labios el mensaje medular que –por inspiración divina– predicaba desde el 2 de octubre de 1928: Que todos los cristianos, por el hecho de estar bautizados, están llamados a la santidad en medio de sus ocupaciones cotidianas: como estudiantes, profesionales, catedráticas, amas de casa, campesinos, empleadas, obreros, etcétera. A ese camino estaban llamados personas de todas las nacionalidades, razas, actividades y condiciones sociales.

Así que, como es lógico, tenía un especial interés en conocer a este conocido sacerdote. Me acuerdo que todo aquel viaje en avión de ida a Roma, me preguntaba: ¿Cómo sería la personalidad de Monseñor Escrivá de Balaguer? Me imaginaba a un sacerdote bastante formal, serio, con particular gravedad (en aquel entonces él tenía 72 años).

Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando en aquellos encuentros, con nutridos grupos de universitarios, mostraba un carácter abierto, extrovertido, jovial y alegre.

Hacía bromas divertidas con algunos de los jóvenes, porque llevaban aquellos voluminosos nudos en sus corbatas, que se usaban en esa época:

– ¡Hey, me da la impresión que te vas a ahogar con ese gigantesco nudo que llevas en la garganta, pero vas muy a la moda!, le decía sonriente a alguno.

– ¡Con esa melena tan bien peinada pareces cantante de música moderna!, bromeaba con otro.

– ¿Les gustan las guitarras y las canciones?, nos cuestionaba.

– ¡Pues a mí también, y procuro cantárselas a Dios y a María Santísima, que son los grandes amores de mi vida!, decía con entusiasmo.

Luego vinieron las preguntas espontáneas por parte de los universitarios, y el Fundador del Opus Dei daba ágiles respuestas, como de quien las tenía muy meditadas.

Recuerdo una pregunta de un universitario alemán, que dio en el blanco con la inquietud que muchos de aquellos estudiantes teníamos:

– ¿Qué nos recomienda para tratar con más confianza a Jesucristo?, inquirió.

– "Te aconsejo que leas los Santos Evangelios. Haciéndote amigo de Él, que es el Amigo, con mayúscula. Hazte amigo de Cristo. ¿Cómo te haces amigo de una persona? ¡Frecuentándola! ¡Conversando! Haciendo sacrificios por esa persona, buscándola, llamándola por teléfono".

Luego recomendó vivamente acudir al Sacramento de la Confesión para mantenernos en estado de gracia o amistad con Jesucristo y frecuentar la Eucaristía, asistiendo a la Santa Misa.

Otro aspecto que me impresionó, fue la fuerza con que nos habló de acercar a los amigos a Dios. Comentaba que cuando se tiene un gran bien, la consecuencia natural era que lo difundiésemos a nuestro alrededor, respetando siempre la libertad de los demás. Nos decía con vehemencia:

– "¡Hay que llevar muchas almas a Dios! El apostolado es como el latir del corazón. (...) Considerad que hay muchas necesidades en el mundo, porque hay millones y millones de almas que no conocen a Jesucristo!".

Y como un estribillo constante a lo largo de todo este Congreso, fue la insistencia de Monseñor Escrivá de Balaguer de rezar por la Iglesia, por el Papa y la santidad de los sacerdotes y religiosos. Decía:

– "Hijos míos, amad mucho a la Iglesia. No habléis mal de Ella nunca ni toleréis que alguien lo haga porque la Iglesia es Santa, es la Esposa de Cristo. (...) ¡Amemos a la Iglesia con todo el corazón!".

Me viene a la memoria la conversación de dos universitarios sudamericanos, tras terminar uno de esos encuentros:

– Me ha impactado el vigor con que nos ha hablado, su testimonio y sus palabras de buscar la santidad en medio del mundo, en el estudio y el trabajo. ¿Piensas que su figura se agigantará cuando haya pasado el tiempo?, le preguntaba a su amigo.

– Sin duda, le contestó, porque es un sacerdote ejemplar y su mensaje es trascendente y novedoso sobre la espiritualidad de los laicos.

Más tarde, 27 años después de aquel Congreso Universitario, el 6 de octubre de 2002, Su Santidad Juan Pablo II canonizó a San Josemaría Escrivá de Balaguer en la Plaza de San Pedro (Roma), designándolo como "el santo de la vida ordinaria".

Se había cumplido a la letra aquella frase que repetía el Fundador del Opus Dei: "Se han abierto los caminos divinos de la tierra". Actualmente, esta Obra de Dios (como se le conoce en castellano), se encuentra extendida por los cuatro puntos cardinales y a ella pertenecen más de 84 mil miembros.

En aquel 1974, nunca hubiera soñado con que el Opus Dei se extendiera por Rusia, Kazajistán, Indonesia, Corea y la mayoría de los países de Europa Central y del Este. Pienso que la única explicación de su rápida expansión es que se trata verdaderamente de una Obra de Dios, con la correspondencia generosa y heroica de su santo fundador.

Su mensaje sigue siendo de gran actualidad para aquellos cristianos que se preguntan: ¿es posible encontrar a Dios en mi trabajo profesional de todos los días, en mis deberes como padre o madre de familia, como ciudadano?

La respuesta nos la da el Papa Juan Pablo II, en la homilía pronunciada el día de su beatificación, el 17 de mayo de 1992: "Con sobrenatural intuición, el Beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por eso, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se viven en unión con Jesucristo (...). La actualidad y trascendencia de este mensaje espiritual, profundamente enraizado en el Evangelio, son evidentes, como lo muestra la fecundidad con la que Dios ha bendecido la vida y la obra de Josemaría Escrivá".

4 comentarios:

ARCENDO dijo...

Ha sido un corta y pega ¡fantástico!. Ha merecido la pena que nos traigas esta bonita referencia de este gran santo, como él, alegre y motivadora.
Me hace muy feliz, saber que ya estais ahí, ahora a empezar la otra batalla, pero en terreno propio y con amigos la cosa se hará mas llevadera, ya lo verás. Por si acaso, seguimos rezando... aunque nos lo prohibas...jajaja.
BESIÑOS

Angel dijo...

También opino lo mismo. Ha valido la pena copiar y pegar. Militos, mañana si D.q. es la hora de descorchar la botella. Tengo una sorpresa. Así que mañana pásate. Arcendo es el tema.

INÉS dijo...

Pues que da gusto que haya santos tan humanos...solo eso.Seguro que te echará encantado una mano para que la batalla que llevas entre manos sea, por lo menos, llevadera.¡Mucho ánimo1

Angel dijo...

He creado un premio. Lo tienes en mi blog.

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