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martes, 15 de abril de 2008

FILIPINAS, MARC ARTHUR Y YO


Buque Escuela arribando a Manila

Estuve años enamorada del general Marc Arthur, creyendo que era Gregory Peck. Cuando tuve la opotunidad de viajar a Manila y visitar la Universidad de los frailes Dominicos, fue tal mi desencanto que, a pesar de guardar como oro en paño un corto fragmento de uno de sus estimulantes discursos, no quiero por ahora hacerle propaganda. Un amable dominico nos estuvo narrando la sangría efectuada por Marc en las islas Filipinas. Con una sola consigna: erradicar todo vestigio de lo español. Destrozó iglesias, monumentos y prohibió la enseñanza y práctica del idioma español, bajo crueles represiones. Y, como no quedó satisfecho, sentenció:"Volveré" Respetó la universidad española porque era lo único a lo que podía sacar rendimiento para sus intereses invasores.



Voy a haceros una confidencia, aunque la verdad es que no paro de hacerlas cada día en este blog.
Como yo del mundo no sé mucho, cuando me ofrecieron este viaje a Filipinas lo acepté porque dije para mí:" bueno se hablará español y no problem". Además iba a encontrarme allí con una persona muy querida. Nadie quiso sacarme de la ignorancia para que no me arrepintiera. Todo lo soporté de manera estoica, las dieciocho o diecisiete horas de avión con dos escalas, Frankfurt y Bancog, las comidas casi continuas en el boing, el espantoso cambio de horario. Y ¡oh! sorpresa, en el aereopuerto ni una palabra de español . Pensé: "en el hotel será otra cosa". Decepcionante, en recepción únicamente deletreaban: ¡Rocio Jurado, Cordobés!. Mi marido si sabe Inglés pero no se producía intercambio de idea alguna con el recepcionista, hablando los dos en el, que debía ser, mismo idioma. Hasta que escuché una mágica palabra de esas que retienes desde el bachiller: ROOM, ¡ya está a la habitación!. Prometí no moverme de ella hasta pasados los siete días contratados con la agencia. Promesa que no cumplí porque las cosas fueron mejorando y disfruté más de lo esperado.


En el viaje de regreso, al hacer horas en el aereopuerto de Frankfur pude contemplar una relajante visión : un chico joven, con el carrito lleno de maletas y bultos se sentó a nuestro lado y sin ningun respeto humano sacó de una bolsa un kipá que se colocó en la cabeza, luego un libro de salmos y, sin disimulo alguno, comenzó a recitarlos con un ligero soniquete. Deduje que se trataba de una persona judia. Todo el que pasaba por delante le miraba extrañado pero él proseguía con lo suyo como si estuviera sólo en el mundo. Yo me hice una reflexión: Algo sí hemos avanzado en libertad y respeto a las creencias de las personas. Es verdad que hubo que sufrir una cruenta Guerra Mundial, en la que por cierto, fue decisiva la intervención de los Estados Unidos. ¿Quién, antes de la misma, hubiera podido pensar que en tierras alemanas se pudiera dar tal testimonio de religiosidad judia?. Admiré profundamente a este joven y su palpable muestra de fidelidad a sus principios, sin respeto humano alguno.


Hoy me doy cuenta que no nos ocurre lo mismo a los católicos, no me importa reconocerlo. Muchas personas tenemos la costumbre, sana, sanísima de rezar el rosario en los trayectos largos de autobús o metro pero ¿alguno ha visto que se haga manifiestamente? No me refiero a hacerlo a voz en alto, sino a mostrar ese elemento bendecido que se suele emplear en este menester y que puede ser de distinto material o color. Consta de cinco grupos de diez cuentas, donde cada grupo representa un misterio de la vida de Jesús. En cada una de ellas se reza un Avemaría. Estos grupos están separados por tramos de cadenitas con una sola cuenta independiente entre ellos que indica el final del Misterio y en la que se reza el Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Todo ello terminado con el colofón del Crucifijo. ¿Alguién se atreve a mostrar el Rosario públicamente? No, si acaso, yo la primera, lo medio escondemos en el bolsillo o en la mano para no llamar la atención. Rezar, rezamos eso sí.


Pues bien, me decía una persona recientemente: ¿Por qué no voy a sacar el rosario en el autobús si aquí cada uno enseña lo que quiere, revistas porno, periódicos, El Código Da Vinci y hasta la pechuga o el tanga? Y tenía razón. Puede que ya sea hora de mostrar nuestras inofensivas armas de católicos practicantes. Inofensivas hasta cierto punto, porque a este rosario se le llama Arma Poderosa, desde que la Madre de Dios y Madre nuestra enseñó a Santo domingo cómo debía rezarlo y propagar esta devoción para vencer a los enemigos de la fe. Entonces eran los Albigenses hoy son más y más sutiles. Tenemos que empezar a actuar sin pudor, sin encogimiento como ese bendito judio del aereopuerto de Frankfurt, al que ganas me dieron de darle un reparador y estimulante beso. Hay muchas costumbres que fuimos abandonando porque con la modernidad nos parecían algo mojigatas. Pero que ahora, en lo que se ha dado en llamar la posmodernidad, quizás sea bueno volver a recuperar , más que nada como prueba de testimonio de que estamos aquí y queremos ejercer la libertad también en este terreno. Santiguarnos al salir del portal de casa, o al pasar por una Iglesia, ante la que seguramente ya rezamos una Comunión Espiritual; sin dejar de hacerlo, pero añadiendo también esa señal de la Cruz que para nosotros viene a ser como el kipá judio, sólo que invocamos a la Santísima Trinidad, no para meter un gol como hacen algunos futbolistas, que no está mal, sino para que la muerte y Resurrección de Cristo nos salve. O despedirnos con un ADIÓS, como deseo sincero de que las personas vayan a Dios. En vez del hasta luego que, a parte de todo, es un despropósito porque sabes a ciencia cierta que no vas a encontrarte con esa persona hasta sabe Dios cuando. Bueno muestras externas de nuestra religión hay infinitas. Lo que de verdad importa es que respondan a una auténtica disposición interna.


Disculpadme porque la explicación del Rosario ha sido un tanto rudimentaria y ligera pero trataba de facilitar la comprensión del elemento material con que lo rezamos, por si alguién tenía dudas ya que, si habéis observado, ultimamente se puso de moda como elemento decorativo en las gargantas de algunas personas, famosas y no famosas.

y, por hoy, ADIÓS
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