martes, 7 de abril de 2015

MARTES CON ARCENDO, ALENTANDO


 

sABADO , 17 DE NOVIEMBRE DE 2O12

 

UN POST... ¡ALENTADOR!

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Nadie está exento de contrariedades. Todos en algún momento, vamos a sufrir alguna. Eso lo damos por hecho. Sin embargo, lo más difícil es aguantar el tirón y... si este dura, conservar la paz.
Muchas veces en la vida, las cosas no se dan como se esperan y cuando llega ese momento nos sentimos especialmente débiles. Es precisamente cuando los cristianos hemos de estar en alerta especial, porque esa debilidad... es un arma de doble filo.

Por un lado, tiene su lado positivo. Cuando más débiles, pequeños, vulnerables y necesitados estamos, es cuando más pedimos ayuda. Es cuando volvemos la vista a lo alto, cuando más acudimos al Único en el cual podemos confiar.
Sin embargo..., si la dificultad persiste, a veces... empezamos de nuevo a recelar. Corremos el peligro de olvidar quienes somos y quien es DIOS. Cierto es que somos humanos y la carne es débil, pero pronto sucumbimos a la tentación del desaliento.
¡Que duda cabe que el desaliento es una tentación!... Y si es una tentación, ya sabemos de quien viene...  Hace poco, una persona muy querida, me ha hecho llegar un breve relato que nos ayuda a comprender cómo, precisamente -el desaliento- es una de las herramientas más usadas por Satanás:
"Cierta vez, se corrió la voz de que el diablo se retiraba de los negocios y vendía sus herramientas al mejor postor. En la noche de la venta, estaban todas las herramientas dispuestas de manera que llamaran la atención, y, por cierto, eran un lote siniestro: odio, celos, envidia, malicia, engaño... además de todos los implementos del mal.
Pero un tanto apartado del resto, había un instrumento de forma inofensiva, muy gastado, como si hubiese sido usado muchísimas veces, y cuyo precio, sin embargo, era el más alto de todos. Alguien le preguntó al diablo cuál era el nombre de la herramienta. “Desaliento” fue la respuesta.

"¿Por qué su precio es tan alto?”, le preguntaron. “Porque ese instrumento, respondió el diablo, me es más útil que cualquier otro; puedo entrar en la conciencia de un ser humano, cuando todas las demás herramientas me fallan, y, una vez dentro, por medio del desaliento, puedo hacer de esa persona lo que se me antoja. Esta muy gastado porque lo uso casi con todo el mundo, y como muy pocas personas saben que me pertenece, puedo abusar de él”. El precio del desaliento era tan, pero tan alto, que aún sigue siendo propiedad del diablo."

Pero..., si esto es así..., ¿Como paliar los efectos de tan poderosa tentación?
La Santa Iglesia, que además de ser sabia es madre,  a menudo aconseja la lectura y meditación de las Sagradas Escrituras.
Así, cuando llega un momento de prueba, nada como echar un vistazo a LA BIBLIA para comprobar, que nuestro caso no es único y además.. tiene solución.
Leyendo los textos bíblicos, nos vamos encontrando distintos personajes, bendecidos por Dios con diversidad de carismas, que en algún momento, también experimentaron -quizás como nosotros-, la tentación del desaliento.

Dos ejemplos señeros -entre otros-, son.. Moises y Job.
Moisés, siendo un hombre tan ungido por Dios, también experimenta el desaliento ante las críticas de los israelitas, tanto que su oración a DIOS es casi queja:
"No puedo cargar yo solo con todo este pueblo; es demasiado pesado para mí. Si me tratas así, prefiero que me mates, si es que realmente me quieres, antes que seguir viviendo en estos apuros" (Números 11, 14 y 15)
Y Job, ante el peligro, la crueldad del sufrimiento y la enfermedad, llega a maldecir su suerte y grita:
"¿Por qué no morí al salir del seno y no expiré cuando salía del vientre?" (Job 3,11).
Actualmente el diablo tiene muchas armas para hundirnos. Nos desalentamos con las malas noticias, con los problemas económicos o laborales, con los conflictos familiares, con las enfermedades y también por sentirnos engañados, traicionados o abandonados. El objetivo del enemigo es que perdamos la paz.
Pero..., si estamos convencidos de que estas son cosas del enemigo...., hemos de convencernos que para vencer todas esas artimañas del diablo, solo son efectivas las cosas de DIOS:

El desaliento es uno de los estados de ánimo contra el cual es indispensable fortalecerse a través de la oración y los sacramentos; armas infalibles que nos devolverán la confianza en DIOS, y la fuerza a pesar de todas nuestras debilidades.
"Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, a los cuales él ha llamado de acuerdo con su propósito", como nos decía San Pablo en Romanos 8,28.
Hemos de tener en cuenta que estas palabras no fueron dichas por alguien que jamás sufrió. Todo lo contrario. San Pablo conoció toda clase de vicisitudes y, aun así, conservó la paz interior. San Pablo hubiera podido encontrar muchos motivos para perder la paz y caer en la postración del desaliento. Sin embargo, incluso estando en la cárcel, cantaba y alababa a Dios, para pasmo absoluto de todos sus captores.
 
Así mismo el Padre Pío, se repetía constantemente.. "Si hay un tropiezo o una caída no hay que darse por vencido": esa es la clave.

Perseverancia y paciencia, oración constante y frecuencia sacramental, esas son las armas seguras que nos darán el poder invencible de DIOS, para superar toda adversidad y desaliento.
Este post pretende haber sido alentador..., y el video que lo culmina también tiene esa intención. No cabe desaliento alguno. ¡Ánimo y hacia arriba! que, pronto empieza una nueva semana. ¡FELIZ FINDE!
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3 comentarios:

Rosa dijo...

¡No lo conocía! Es alentador, alentador y ¡¡¡precioso!!!

Los martes tienen algo especial...

Besiños agradecidos para los dos, mis queridos amigos del alma.

Maria del Rayo dijo...

NO DARSE POR VENCIDOS.
AMÉN.
GRACIAS MILI.

Rosa dijo...

BESIÑOS, BESIÑOS...

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