martes, 24 de enero de 2017

MARTES CON ARCENDO, LA MUERTE ES UNA PUERTA


Miércoles, 21 deseptiembre de 2011

PUNTO Y APARTE

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"Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar", decía el poeta.

"La vida es eso que nos pasa mientras tú, te empeñas en hacer otros planes" decía el cantante.

De una manera u otra..., esas dos afirmaciones, vienen a confirmar algo que ya dijo San Agustín hace unos cuántos siglos: "La vida no es más que una muerte lenta".

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Todo lo que empieza, en esta tierra, tiene un final. Desde que nacemos, desde ese mismo instante, ya estamos dando los primeros pasos hasta ese inexorable destino, llamado muerte.

Todavía quedan 10 días y un mes más, para Noviembre, que es esa treintena del vigente calendario, siempre abocada a nuestro "encuentro" anual con la muerte.

En Noviembre, en el teatro vuelve a los escenarios "Don Juan" a inmortalizar el drama y en las Iglesias y camposantos regresa la plegaria en  recuerdo a los que ya no están con nosotros. Así, ese tiempo parece ciertamente propicio para la reflexión sobre el hecho de la propia muerte; de todos modos, cualquier momento es bueno para considerar algo tan importante, incluso ahora, cuando todavía estamos saboreando los últimos calores del verano.

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Las preguntas básicas que nos podríamos plantear, bien pudieran ser estas:

¿Como afrontamos esa realidad?, ¿Somos indiferentes?, ¿miedosos?, ¿resignados?, ¿preocupados?....

Si fuéramos sinceros, deberíamos reconocer que todos, en algún momento de nuestra vida...., hemos vestido alguno de los adjetivos propuestos. Bueno, creo que todos no. Nadie es totalmente frío ante ese evento, aunque de cara a la galería se presuma de lo contrario, hasta el más indolente le inquieta ese misterio.

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Pero lamentablemente, aunque algunos lo buscamos, aún no estamos en ese plano de santidad, tanto como para hermanarnos con la parca a modo del de Asís. Ni tampoco, a ese nivel de mística teresiana, como para desear su pronta visita.

¡Ojalá tuviera yo ese desapego por las cosas de por aquí!.., pero -soy de dura cerviz- y todavía me cuesta.

Ahora bien..., me admiran, me conmueven, -hasta envidio-, tales actitudes; porque, pese a lo que se piense, su "deseo" de muerte, ni es locura, ni es valentía, es fé.
Una fé ¡ejemplar!. Y así lo digo aquí, con sinceridad y sin complejos, en este saco de vivencias y creencias que es mi blog, para que luego digan que nos "escondemos" tras nuestras bitácoras...., contando vaguedades.

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Incidiendo sobre lo mismo..., confesaré que todos estos pensamientos, que ahora comparto, me han sobrevenido por otra feliz "dioscencia".

Hace unos días, recomendaba un par de películas excepcionales, que gracias a la sabiduría cinematográfica de Ángelo tuve la suerte de conocer y disfrutar (ver enlace); sus títulos eran/son "El estudiante" y "Cartas a Dios". Curiosamente, las dos pelis, además de muchas cosas más, son dos maneras de ver y afrontar ese "gran paso", del que hoy estamos hablando aquí.

En ambas, todos los elementos confluyen en la confianza, en la seguridad de la trascendencia. Por tanto, ninguna de las dos historias deja mal sabor de boca, -contrariamente a los ojos del mundo-, el final, cualquier final, (con fé), es siempre alegre, esperanzador.

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Pero es que hoy, además de estas dos, tengo que hablaros de una más, que ha partido -¿como no?- de la misma fuente (ver enlace), y trata sobre el mismo "tema"; pero lo haré no sin antes, volver a declarar mi asombro emocionado por las concurrencias del destino, y agradecer a la Providencia divina sus constantes regalos.


El nuevo "descubrimiento" lleva por título el sugerente y acertadísimo nombre de "Despedidas".

Probablemente, dado que conocemos que "la muerte" es el personaje central, es el asunto común entre las anteriores películas comentadas y esta otra, quizás sería bueno reflejar aquí, más diferencias y quizás alguna que otra concomitancia, que parece pasar más desapercibida.
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"Cartas a Dios" es la aceptación de la enfermedad y su posterior desenlace, desde una perspectiva infantil; y en "El estudiante", la cuestión es la misma, pero vista desde la vejez, (la muerte no tiene edad); sin embargo, en ambas la narración es "interna", los mismos protagonistas son los que van a sufrir el hecho o las consecuencias de la muerte; mientras que en "Despedidas", la óptica con la que se percibe la muerte, en la mayor parte del film, es mucho más externa, aunque no menos comprometida. Creo que ese es el contraste principal.

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Pero "Despedidas" es mucho más que una película, es una auténtica e inusual joya, un poema visual, por eso aunque el post no quiere ir encaminado a hablar estrictamente de cine, no puedo evitar, dedicar unas elogiosas líneas más, a esta singular obra de arte.

Las películas no son grandes, ni buenas, por los premios que consiguen, sino por lo que son en sí mismas. Sin embargo "Despedidas" es una excepcional película japonesa, que fue ganadora del Oscar a la mejor película extranjera en 2009.

"Despedidas", "nos enseña" la muerte, narrada a través de la historia de un amortajador de cadáveres. Dicho esto así, puede parecer repulsivo por escabroso, pero es... todo lo contrario. (nada que ver, esta con la explicita CSI -pongo por caso-)

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Son muchas veces las que el cine nos ha mostrado formas, a veces muy profundas y muy hermosas de dar -ese paso-, como en "Fresas salvajes" de Bergman; pero creedme si os digo, que esta de "Despedidas" es una de las más bellas que yo he podido ver.

No quiero contar mucho más, tan solo diré que toda la obra está tratada con una sensibilidad oriental, con una elegancia y una delicadeza que despierta emociones.

Para mí, "Despedidas" es... una obra maestra imperecedera, que os animo a ver, de todo el corazón.

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Antes habíamos comenzado el post con un verso del gran Machado: "Todo pasa y todo queda".... Por eso ahora, la pregunta es obligada:

¿Que nos -queda- de todo esto?,  ¿que nos -queda- del post de hoy?

Pues..., creo que "quedan", que  permanecen varias ideas absolutamente válidas y conclusiones muy esperanzadoras que hemos podido desgranar de todas las enseñanzas aprehendidas aquí.

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La principal tiene que ver, con aquellos "mieditos y "respetos", ante esa "visita" ineludible que todos tendremos más tarde o más temprano. Se refiere, sobretodo con el modo de recibirla.

¿Afrontaremos -el golpe- con  fe?, o ¿esta nos va a escasear en el momento crítico?, tal y como antes, me auto-reprochaba. 


Pues... como deducción extraigo que la muerte solo es... ¡un salto de fé!
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Cuentan la historia de un chaval de corta edad que en cierta ocasión preguntó a su padre:

-Papá… ¿Qué es la fe?

Para explicárselo, el padre llevó al chico hasta la puerta del sótano de su casa. Él bajo la escalera y dejó al niño arriba. Cuando el padre estaba abajo,  podía ver a su hijo, no así el pequeño, que sólo veía una abertura oscura ante sí.

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- ¿Estás listo, hijo? Preguntó.

- Sí, papá… pero no entiendo…



Desde la oscuridad del sótano, el papá le dijo al niño



-¡Salta hijo! 
-¿Qué…?

El niño estaba aterrorizado. No podía creer que su padre le estuviera diciendo que diera un salto al vacío.



-Tú no me puedes ver, pero yo a tí sí hijo mío. No tengas miedo. Estoy aquí para cogerte entre mis brazos. No dejaré que caigas, ni que te golpees.


Después de unos instantes de vacilación y duda, el niño saltó por la oscura abertura del sótano. Rápidamente se sintió aliviado y a salvo entre los fuertes y amorosos brazos de su padre.



Así es la muerte, un auténtico salto de fe, con el mejor de todos los finales.

La muerte más digna es la que se recibe con fe. No hace falta ninguna ley que la regule, simplemente una respuesta servicial y comprensiva ante el sufrimiento de la enfermedad y una disposición siempre respetuosa al hecho de la despedida.

Paradójicamente, la muerte más digna es la que es más respetuosa con la vida. La que se asume y se recibe sabiéndose querido. Aquella en la que nosotros podremos experimentar el gran amor que el Padre siente por nosotros.


"¡Abbá, Padre! De manera que ya no eres siervo, sino hijo" (Gal 4, 6-7). Esa es la muerte que yo anhelo, más que nada.



Acabando ya este post ciertamente catártico y por tanto transformador, me quiero convencer, que si lo asumimos así, acabaremos por recibir a esa -hermana muerte- sin miedos, porque ya la "veremos" con aquella pacífica mirada "franciscana".

La despedida es solo un -hasta luego- lleno de felicidad. La muerte es una entrada, no un final, en la que dejamos el presente y nos encaminamos a la siguiente etapa, a la definitiva.

La muerte no es un punto final, es solo el punto y aparte que prepara el siguiente párrafo.

La muerte es solo una puerta, una verdadera entrada:

"Oh muerte, yo no sé quién puede temerte, ya que por ti, la vida se abre para nosotros" San Pío de Pieltrecina
 
Os dejo el comentario que publiqué a este post del Capitán y su respuesta
Militos dijo...
Leyéndote dan ganas de morirse.
BESIÑOS
 
ARCENDO dijo...
Caray Mili, todo a su tiempo, todo a su tiempo... Cuando DIOS quiera. BESIÑOS.


2 comentarios:

Rosa dijo...

¡Mil gracias!
No conocía esta entrada, ¿te lo puedes creer?
Tampoco las películas. He buscado y se encuentran completas, las veré.
¡Mil gracias!

Besiños, muchos besiños de martes, querida Militos.

Maite Lorenzo dijo...

Cuando Dios quiera, como Dios quiera, donde Dios quiera...

Gracias, muy interesante. Anoto las pelis.

BESOS

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